Como estamos de fin de semana, he pensado que nos vendría bien algo que nos hiciera reír y nos relajara un poco. ¿Qué mejor que seguir engordando nuestra página de Humor? No en balde es la más visitada. Por algo será, digo yo.
Carta de una amante despechada al IES 1:
Querido IES 1, he sabido por la prensa que, despúes de más de 20 años de relación, me abandonas definitivamente. Ya sé que lo nuestro no tiene remedio, pero déjame al menos desahogarme y verter mi dolor en la tinta que corre por el papel.
Siempre supe que este amargo momento llegaría, contra mi voluntad, algún día. Desde que empezamos a vivir juntos, todos decían, a nuestro alrededor, que lo nuestro no tenía ningún futuro.
Que si te habían visto tontear con una vecina que te cortejaba para hacer de ti un cuartel militar como dios manda, que si una jovencita te pretendía para complejo hotelero del Circuito Ricardo Tormo, que si te gustaban también los hombres y te ibas a liar con el cuerpo de bomberos o de la policía…
En fin, para qué seguir, la lista de despropósitos sería interminable. Sin embargo, nunca tuve celos de ti, porque nadie me arrebató jamás tu querer.
Soporté con resignación el que tu familia no me aceptara, los trajes azules y las gorras rojas de los domingos, los brazos escayolados, el crucifijo omnipresente, el fanatismo de tus hijos, las cananas al viento, las rancias miradas de los “pata negra”, tus gestos anacrónicos, los malos tratos, tu pasado oscuro.
Te he amado con locura, me entregué a ti en cuerpo y alma; te di mi juventud, mi vida entera. Has sido mi primer destino y mi único amor. Así me lo pagas…
Hubiera perdonado que me engañaras con otra mujer, que me lo dijeras a la cara; pero abandonarme por un hombre con nocturnidad y alevosía, hacer las maletas amparado en el silencio de la noche y huir de puntillas, no sé si podré resistirlo.
Quizá haya llegado ya la hora de que yo también te diga, por fin, adiós. Quizá debí hacerles caso, hace ya muchos años, a mis hermanas y amigas, cuando insistían en que me marchara de tu lado y te olvidara por mi bien, porque tú me harías sufrir tarde o temprano.
Te hubiera amado siempre y hubiera permanecido junto a ti hasta mi jubilación, ¿por qué me haces esto? Sinceramente, creo que no me lo merezco.
Tuya siempre, una mujer que, a pesar de todo, todavía te ama.