La fábula de la profesora y la termita

Érase una vez una termita que, junto con sus numerosas hermanas, se pasaba buena parte del día comiendo madera del IES 1 sin pensar en el futuro.

Mientras tanto, una profesora trabajaba intensamente: se levantaba pronto para ir al IES 1, daba sus clases, hacía sus guardias (aunque fueran de recreo), aistía a las evaluaciones (aunque tuviera pocos alumnos de ese grupo), iba a cursos de formación (fuera de su horario lectivo) y probaba estrategias y materiales nuevos en el aula.

Un mal día la profesora pasó por una de las instalaciones del IES 1 y vió que las termitas (en número de miles) estaban comiendo la madera de los rodapiés. Quedó horrorizada ante tal espectáculo: las termitas estaban destruyendo el instituto. Dirigiéndose a una de ellas le dijo: “¿qué hacéis desgraciadas? Vais a acabar con el lugar donde trabajo, vais a acabar con todos nosotros. Además ¿no sabéis que estudiando y esforzándoos podreis poner los cimientos de un futuro mejor?”.

La termita, todavía con restos fibrosogelatinosos de madera masticada alrededor de la boca, contestó: “mira que eres ingenua. Nosotras comemos sin pensar en el futuro mientras haya madera. Cuando se acabe: a por otro instituto, hasta que no quede un centro público.

Nosotras vamos a lo nuestro. ¿Y para qué vamos a esforzarnos, como hacéis vosotros los docentes de Cheste, como hacen esas tontas de las hormigas si al final les da igual a vuestras autoridades? Mira si es así que, a pesar de todo, os consideran prescindibles y os fuerzan a ir a donde nadie quiere: al lado del Circuito donde no podreis oir ni los cantos de las cigarras, que ésas sí que son más tontas que vosotros: cantan dulces canciones con bonitas letras, soñando que vivirán en la residencia 1“.

La profesora tuvo la tentación de aplastar a la termita, pero el hábito (profesional) de reflexionar la contuvo y pensó en las razones de ésta.

Toda fábula debe tener una lección final o moraleja,  pero en este caso se ha perdido en el traslado y puede que esté en una bolsa, junto a los exámenes.


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2 comentarios para “La fábula de la profesora y la termita”

  1. Zeitheist1984 Dice:

    Bonito cuento, muy enriquecedor.

    Todo eso del conformismo es genial, en serio, siempre que como algunos desgraciados (nosotros) no formes parte de la madera.

    Imagino que para muchos es más fácil seguir masticando en silencio, año tras año, que hacerse cargo de la madera que empieza a podrirse ante sus narices, o cuidar de que los trozos que aún no han sucumbido a la descomposición general lo hagan.

    Sin embargo, la “carpintería” es algo vocacional; y el problema es que solo aquellos que roen en silencio, sin molestar al amo, sobreviven. Dandonos ejemplo

  2. NoMeChillesQueNoTeVeo Dice:

    Percibo en la fábula el tinte amargo de los que dicen que “visto cómo tenemos el patio” la mejor actitud es la de hacer lo justo y plegar velas.

    No confundamos la ingenuidad con la ceguera, porque se puede ver claramente que hay quien, en cualquier caso, lo que es la “carpintería”, no la ha practicado en su vida. Y así nos va…

    Es muy cómodo decir que “estamos quemados” y que el apatismo general se debe a todo lo que ya hemos pasado. Pero la manera de trabajar en la enseñanza también es el reflejo de una actitud vital, no nos equivoquemos. Hay quien se jubila en esta profesión y el día de antes aún tiene ilusión por dar una buena clase. Hay quien perdió la ilusión a las dos semanas de comenzar, o directamente nunca la tuvo, y para nuestra desgracia se dedican a vegetar en las aulas durante toda una carrera profesional, ¡y que dure lo que dure!!!

    En esto de la carpintería hay gente para todo, como en todas las profesiones. Cigarras, hormigas, ingenuos y espabilados…

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